lunes, 12 de noviembre de 2007

Lo tenían merecido

Debo admitirlo: me alegró mucho el episodio rocambolesco protagonizado entre el Rey de España, Rodríguez Zapatero y el disparatado caudillo venezolano. Mas no porque Juan Carlos haya visto colmada, al fin, su paciencia e imprecado a Chávez, poniéndole en su lugar. A mi modo de ver eso fue secundario. Lo que verdaderamente me llenó de gozo fue contemplar a todos los "dignatarios" allí reunidos aguantarse la grosería y fanfarronería de nuestro prócer tropical. ¡Ya era hora! Los venezolanos tenemos casi una década soportando los desplantes del eterno aspirante a dictador, empeñado en erigirse a plenitud como tal, sin que en parte alguna se haya levantado una sola voz de solidaridad hacia la democracia y la libertad de este país.
¡Ya era hora, repito con alegría! ¿No fue acaso Moratinos, el Canciller español, quien hace pocas semanas aseveró que la reforma constitucional de Chávez, que liquidará derechos fundamentales de los venezolanos, es "legítima"? ¿No ha sido acaso el gobierno de Rodríguez Zapatero el que ha convertido la Embajada de España en Caracas en una agencia de negocios? ¿Y qué decir de los gobiernos latinoamericanos? ¿No fue acaso la Embajada de El Salvador, país cuya democracia tanto le debe a Venezuela, la que negó el asilo a los Comisarios Forero y Vivas, condenándoles a la infamante "justicia" del régimen chavista, que aún les mantiene en la cárcel?
¿Y qué han dicho Bachelet, Calderón, Lula y el resto de mandatarios latinoamericanos acerca del sistemático desmantelamiento del Estado de Derecho en Venezuela, para no hablar de francos oportunistas como Kirchner o de vasallos sin vergüenza como Morales y Ortega?
La democracia venezolana ha sido traicionada por el resto de América Latina, y también por España. Hombres como Fox y García alguna vez se atrevieron a plantársele a Chávez, pero sólo porque fueron objeto de agresiones e insultos personales directos y prácticamente intolerables.
Mas produce pena ajena contemplar a la Bachelet, por ejemplo, cuando se topa con Chávez, o percibir el silencio atronador que emana de la Secretaría General de la OEA, encabezada por un personaje deleznable que formará parte del elenco de los más tristes fantoches que han ocupado ese jugoso cargo en Washington.
En lo años setenta, ochenta y noventa Venezuela fue refugio para miles de exiliados y perseguidos de las tiranías en toda América Latina.
En mi Universidad, la Simón Bolívar, hallaron trabajo y amistad decenas de brillantes académicos del Cono Sur y otras partes que nos llenaron y llenan de orgullo. Este país se prodigó en ayuda para expandir la democracia a lo largo y ancho del continente. ¿Dónde está el Rómulo Betancourt que se enfrentó a Castro con todos los hierros para defender la libertad? Lo que hoy vemos en los dirigentes latinoamericanos es cobardía, oportunismo y corrupción moral, pues carecen de principios.
¿Y no se suma acaso al miedo, al oportunismo y la corrupción moral el hecho que Chávez es un gobernante de izquierda? ¿Sería igual la actitud de otros en Latinoamérica si el que pisotease la libertad y dignidad de los venezolanos fuese, por caso, un político o militar de derecha? ¿Existe una doble moral en todo esto, que protege a la izquierda a toda costa? Hoy la prensa y televisión españolas se rasgan las vestiduras ante lo acontecido la pasada semana en Chile. ¿Pero no fueron El País, El Mundo y La Vanguardia por años complacientes hacia Chávez y su socialismo refrito? La "cumbre" de Santiago fue una maravilla: lo tenían merecido.


No hay comentarios: